
El turismo de Gran Canaria empezó antes de los vuelos chárter y de los grandes complejos del sur. Durante el siglo XIX, el comercio marítimo, las exportaciones agrícolas, el Puerto de La Luz y las rutas con Reino Unido pusieron en circulación barcos, mercancías y personas. Después llegaron los primeros alojamientos y las estancias relacionadas con el clima, la salud y el descanso.
La influencia británica en el turismo de Gran Canaria se construyó poco a poco. Empresas, familias, trabajadores portuarios, agricultores, hoteles e instituciones formaron una red que conectó la isla con otros mercados. Las Palmas de Gran Canaria pasó de ser una escala comercial a ofrecer una experiencia urbana capaz de retener a los viajeros. Esa transformación ayuda a entender el peso que el mercado británico conserva todavía, aunque hoy sus visitantes lleguen sobre todo en avión y viajen por motivos distintos.
Cómo el comercio convirtió a Las Palmas en destino
Mucho antes de que existiera una oferta turística organizada, los muelles de Las Palmas reunían barcos que necesitaban suministros, comerciantes que cerraban acuerdos, trabajadores que descargaban mercancías y pasajeros con unas horas libres antes de continuar su viaje. Ese contacto repetido fue creando familiaridad con la ciudad.
El vínculo entre Gran Canaria y Reino Unido nació dentro de las redes comerciales atlánticas. Durante siglos circularon por las islas vinos, productos agrícolas y mercancías vinculadas a la navegación. Comerciantes y compañías marítimas incorporaron los puertos canarios a sus itinerarios, y el archipiélago fue ganando visibilidad entre quienes se movían por el Atlántico.
El cambio se aceleró durante el siglo XIX. La navegación a vapor, la expansión del comercio internacional y la consolidación de los puertos francos reforzaron el valor estratégico de Canarias. Las Palmas resultaba atractiva para las compañías por su posición en las rutas oceánicas, la capacidad de servicio de su puerto y la disponibilidad de suministros y productos agrícolas destinados a los mercados europeos.
Para que una escala comercial funcionara, el muelle era solo el principio. Hacían falta agentes, consignatarios, almacenes, transportistas, intérpretes, lugares donde comer y alojamientos. En tierra, tripulaciones y pasajeros podían pasear, comprar o conocer los alrededores. Si la estancia se prolongaba, también surgían necesidades de baños, lavanderías, correspondencia, excursiones y atención médica.
La relación con la ciudad empezó a cambiar en ese punto. El clima podía llevar a un comerciante a prolongar el viaje; una escala permitía a un pasajero descubrir Las Canteras, y una familia residente podía fundar un club, una iglesia o un colegio. Los hoteles, además, recibían a personas que permanecían semanas en la isla. El turismo fue tomando forma en esa superposición de usos.
Idea clave: el vínculo británico ayudó a crear las condiciones del turismo mediante la conectividad, el capital, los servicios portuarios, el alojamiento, la demanda y la imagen exterior.
El proceso contó con empresarios canarios, trabajadores portuarios, agricultores, otras comunidades extranjeras y administraciones locales. La presencia británica destacó por su relación con el comercio internacional, las instituciones comunitarias y una red empresarial conectada con otros puertos europeos. De ahí su peso en la memoria de la ciudad, aunque el desarrollo turístico fuese una tarea compartida.
Una cronología de la presencia británica en Gran Canaria
La relación comercial y turística atravesó varias etapas. Algunas pertenecen al contexto general de Canarias; otras se observan con especial claridad en Las Palmas de Gran Canaria y en el entorno del Puerto de La Luz.
| Periodo | Proceso principal | Consecuencia para el turismo |
| Siglos XV-XVIII | Contactos comerciales entre Canarias, Inglaterra y otros territorios británicos | Se crean antecedentes marítimos, aunque todavía no existe un turismo organizado |
| Mediados del siglo XIX | Consolidación de los puertos francos y expansión del comercio exterior | Aumenta el interés por las escalas, las mercancías y las conexiones regulares |
| Décadas de 1880 y 1890 | Desarrollo del Puerto de La Luz, suministro de carbón y llegada de empresas extranjeras | Las Palmas gana capacidad para recibir barcos, pasajeros y servicios internacionales |
| Finales del siglo XIX | Primeras estancias relacionadas con el clima, la salud y el descanso | Los alojamientos comienzan a atender a visitantes que permanecen más tiempo |
| Primeras décadas del siglo XX | Expansión de hoteles, jardines, clubes, deportes e instituciones | Se consolida una experiencia urbana y turística más completa |
| Mitad del siglo XX | Generalización progresiva del transporte aéreo y crecimiento de nuevas zonas turísticas | El turismo se desplaza hacia modelos de mayor volumen |
| Finales del siglo XX y siglo XXI | Especialización de la oferta, vuelos regulares y promoción internacional | El mercado británico mantiene una presencia relevante, con perfiles diferentes |
Del contacto comercial a las rutas regulares
Al principio, quien llegaba desde Inglaterra o desde otro territorio británico lo hacía por motivos muy concretos. Podía ser un comerciante, un marino, un agente naviero, un trabajador portuario, un funcionario o un residente temporal. Las categorías actuales de turista, visitante y residente no encajan del todo con aquellas experiencias.
A medida que los viajes se hicieron frecuentes, la situación cambió. El vapor permitió depender menos de los vientos y organizar escalas con mayor regularidad. Para un viajero, disponer de una ruta de ida y vuelta, una tarifa asumible y un alojamiento fiable resultaba tan importante como el clima o el paisaje.
Las rutas marítimas transportaban plátanos y tomates, pero también pasajeros, cartas, equipaje, noticias y productos necesarios para la vida diaria. Una línea creada para asegurar la exportación agrícola podía facilitar, al mismo tiempo, el desplazamiento de personas que viajaban por salud, negocios o descanso.
El vínculo entre transporte y turismo aparece con claridad en el estudio de los puertos y de las tarifas. Una isla puede tener un clima atractivo y una costa interesante, pero necesita conexiones viables para convertir esas condiciones en una actividad económica. Esta cuestión se desarrolla en el estudio sobre los transportes y el origen del turismo isleño.
Las primeras estancias en Las Palmas
Quienes llegaban a Las Palmas no formaban un grupo homogéneo. Algunas personas iban a cerrar negocios; otras buscaban pasar el invierno en un clima más suave, y otras aprovechaban una escala para conocer la ciudad. Con el paso de los días, el sentido de la estancia podía cambiar.
Si un acuerdo comercial se resolvía pronto, quedaba tiempo para pasear. Quien desembarcaba por unos días podía acabar quedándose varias semanas. La playa, los comercios, los jardines, la vida social y la facilidad para contratar transporte daban contenido a ese tiempo libre.
El turismo comenzó a reconocerse como una actividad diferenciada cuando coincidieron tres elementos:
- Una motivación de viaje que incluía el descanso, la salud o el ocio.
- Alojamientos preparados para estancias más largas.
- Una oferta urbana con paseos, playas, comercios, excursiones, deportes y espacios de relación.
La frontera siguió siendo porosa durante décadas. Muchos establecimientos atendían tanto a comerciantes como a visitantes, y una misma ruta podía servir para transportar mercancías y viajeros. Ese carácter mixto forma parte del origen del turismo británico en Gran Canaria.
El Puerto de La Luz y la infraestructura que hizo posible el viaje
En la historia del turismo británico en Las Palmas, el Puerto de La Luz ocupa una posición central. Antes de que Gran Canaria se promocionara como destino de vacaciones, la ciudad ya aparecía en los itinerarios de compañías marítimas, comerciantes y viajeros vinculados al Atlántico.
Una escala portuaria ponía en marcha toda una cadena de servicios. Los barcos necesitaban combustible, agua, víveres, reparaciones y asistencia; en tierra hacían falta intérpretes, agentes, empresas de seguros, almacenes, transportes y alojamientos. Esa actividad generaba empleos y hacía más visible la ciudad para quienes llegaban del exterior.
Con el tiempo, Las Palmas dejó de parecer un punto remoto al que se llegaba de forma ocasional. Se convirtió en una escala reconocible dentro de una red internacional. Las compañías podían planificar sus operaciones y los viajeros encontraban información, servicios y contactos al desembarcar.
Navieras británicas, carbón y transporte a vapor
Las navieras británicas en Las Palmas desempeñaron funciones diversas. Algunas transportaban pasajeros y mercancías; otras actuaban como consignatarias, agentes o empresas de apoyo logístico. Su aportación al turismo se produjo muchas veces desde la organización del viaje y del puerto, más que desde la creación de un producto vacacional.
El transporte a vapor alteró los ritmos del Atlántico. Los buques seguían horarios más regulares y necesitaban puntos de suministro. Un puerto capaz de ofrecer carbón y asistencia ganaba importancia dentro de las rutas oceánicas.
El combustible condicionaba la duración de la escala. A veces bastaban unas horas para reponer carbón y víveres; en otras ocasiones, el barco permanecía más tiempo. Durante esas pausas, los pasajeros podían acercarse a la ciudad y las empresas locales atender una demanda que incluía restaurantes, tiendas, transporte y alojamiento.
The Gran Canary Coaling Company perteneció a esa economía portuaria. Su actividad estaba relacionada con el suministro de carbón, una necesidad de la navegación a vapor. El vínculo con el turismo fue indirecto: la compañía contribuía a que los buques incluyeran Las Palmas en sus rutas y, por tanto, a que más personas conocieran la isla.
El edificio asociado a la antigua naviera Elder Dempster, hoy relacionado con el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología, permite visualizar la conexión entre comercio y memoria. Sus espacios ayudan a acercarse a la navegación, el vapor, las comunicaciones y la tecnología que conectaron Gran Canaria con otros mercados.
Alfredo L. Jones y la actividad empresarial
A finales del siglo XIX, el puerto y las exportaciones estaban transformando Las Palmas. En ese contexto se desarrolló la actividad de Alfredo L. Jones, una de las figuras más vinculadas a la expansión comercial de la ciudad.
Su trayectoria muestra cómo actuaban los empresarios que organizaban una red portuaria y comercial con proyección exterior. En ella convergían la consignación de buques, el comercio, las exportaciones, los seguros y los servicios dirigidos a las compañías marítimas.
Cuanto más eficaz era esa red, más sencillo resultaba que una escala se convirtiera en una estancia en tierra. Un visitante podía encontrar alojamiento, transporte, información y atención para resolver necesidades que al principio no tenían relación con el ocio.
La memoria turística ha presentado a Jones como un protagonista destacado, pero su importancia se entiende mejor junto a la de los comerciantes, navieras, exportadores, trabajadores y autoridades que participaron en la transformación. El desarrollo turístico fue colectivo y dependió también de condiciones internacionales que ningún empresario podía controlar por completo.
Las exportaciones agrícolas y el vínculo con Reino Unido
El sector de la agricultura de exportación dio estabilidad a las conexiones marítimas. Los plátanos, los tomates, las papas y otros productos se dirigían a mercados europeos, incluido el británico. Para mantener esas operaciones hacían falta rutas, almacenes, agentes, seguros, transportistas y trabajadores portuarios.
Una carga agrícola podía compartir espacio y trayecto con pasajeros, correspondencia y suministros. La misma línea que garantizaba la salida de la producción facilitaba la llegada de comerciantes, empleados de empresas y viajeros.
La exportación dio lugar a una economía especializada. Había que contratar envíos, asegurar las mercancías, negociar precios, gestionar la documentación y trasladar la producción desde las fincas hasta el puerto. Comercios y servicios profesionales se beneficiaron de ese movimiento.
Agricultura y turismo quedaron estrechamente vinculados, aunque la primera no se diseñara con ese objetivo. Una ciudad conectada con mercados internacionales podía atender mejor a una clientela extranjera, y Las Palmas ya contaba con empresas, conocimientos y servicios que después aprovecharía la industria turística.
Del turismo terapéutico a los primeros hoteles
Durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, el clima ocupó un lugar destacado en la imagen exterior de Gran Canaria. En Reino Unido y en otros países europeos se extendió el interés por pasar el invierno en lugares con temperaturas suaves, luz abundante y aire marino.
El turismo terapéutico en Gran Canaria debe situarse dentro de las ideas médicas de su tiempo. Algunas personas viajaban durante una convalecencia o siguiendo recomendaciones de médicos; otras buscaban, sencillamente, escapar del frío y la humedad. Las explicaciones sobre salud que aparecen en las fuentes históricas no equivalen a criterios médicos actuales.
Las Palmas ofrecía una ventaja adicional: era una estación climática con puerto, comercios, servicios, paseos y vida social. El viajero podía mantener una rutina relativamente cómoda y ocupar el tiempo con actividades que iban más allá de la recuperación o del descanso.
Salud, descanso y ocio
Los motivos de viaje se mezclaban con facilidad:
- Estancia terapéutica, vinculada a una recomendación de salud o a una recuperación.
- Descanso climático, asociado a la búsqueda de temperaturas suaves.
- Viaje de ocio, relacionado con el paisaje, la playa, los paseos o la curiosidad.
- Residencia temporal, propia de quienes permanecían meses en la isla por razones personales o profesionales.
Una persona podía llegar por motivos de salud y acabar incorporando a su rutina el baño, las excursiones o la vida social. Otra podía buscar un invierno más amable y descubrir que la ciudad ofrecía clubes, comercios y actividades deportivas.
Con el tiempo, el vocabulario de la salud convivió con el de las vacaciones. Las guías y los anuncios presentaron Gran Canaria como un lugar para descansar, pasear y disfrutar del mar. El atractivo dejó de depender de una única explicación y empezó a abarcar una experiencia más amplia.
En ese cambio, Las Canteras fue ganando presencia. Su integración en la vida urbana amplió el atractivo de Las Palmas más allá del puerto y de los alojamientos. El litoral comenzó a funcionar como espacio de ocio tanto para visitantes como para residentes.
Los primeros hoteles de Gran Canaria
Quien desembarcaba en Las Palmas necesitaba resolver lo básico: dónde dormir y comer, cómo recibir correspondencia, contratar transporte y organizar los días siguientes. Los primeros hoteles atendieron esas necesidades junto con otros espacios urbanos, como calles, jardines, baños, comercios y paseos.
Los establecimientos recibían a una clientela variada. Algunos acogían a comerciantes y pasajeros en tránsito; otros estaban preparados para estancias prolongadas. Para un público internacional podían resultar decisivos el idioma, la alimentación, los horarios, la atención médica y la posibilidad de organizar excursiones.
Con la aparición del hotel, el visitante dejó de limitarse al tiempo de la escala. La estancia empezó a organizarse en torno a rutinas como pasear, acudir a un club, visitar la playa, comprar o relacionarse con otros residentes temporales.
El Hotel Santa Catalina se convirtió en uno de los símbolos de la historia turística de Las Palmas. Surgido a finales del siglo XIX y relacionado con la expansión de la ciudad hacia el entorno de Santa Catalina y sus jardines, ofrecía un alojamiento de mayor rango a visitantes extranjeros y residentes temporales.
Su ubicación conectaba el puerto con los espacios de paseo, Ciudad Jardín y otras zonas de la capital. Con el paso del tiempo, el edificio y su entorno adquirieron un valor patrimonial que supera la función hotelera para la que fueron concebidos.
El Hotel Metropol pertenece a una fase distinta de la oferta urbana. Su relación con el crecimiento de Las Palmas muestra que la ciudad necesitaba alojamientos para públicos y estancias diferentes: comerciantes, viajeros de larga duración y personas que solo permanecían unos días.
Ciudad Jardín y la transformación de la ciudad
Ciudad Jardín ofrece una perspectiva distinta sobre la huella británica. Sus jardines, viviendas y espacios abiertos reflejan una concepción residencial vinculada a la modernización urbana y a la presencia de comunidades extranjeras.
La zona acogió a residentes y a familias relacionadas con el comercio. Su función incluía la vida cotidiana de personas que trabajaban y vivían en Las Palmas. Precisamente por eso resulta tan significativa para estudiar la transformación de la ciudad.
Arquitectos, propietarios, constructores y autoridades locales adaptaron ideas internacionales a las condiciones de Gran Canaria. El resultado fue una combinación de influencias, recursos y decisiones locales, no la reproducción exacta de un modelo británico.
La proximidad del Hotel Santa Catalina, el Parque Doramas y otros espacios de ocio reforzó la importancia del barrio dentro de la geografía turística de Las Palmas. El visitante encontraba allí una imagen residencial y ajardinada muy diferente del movimiento del puerto.
La colonia británica y la vida social de Las Palmas
La colonia británica en Las Palmas reunía a comerciantes, empleados de empresas, familias, profesionales y trabajadores vinculados a la navegación, la agricultura, los seguros y el comercio. Algunas personas permanecían durante años; otras llegaban por un contrato o por un negocio concreto.
Aunque compartían ciertas instituciones y costumbres, los miembros de la comunidad no formaban un grupo uniforme. Su vida diaria incluía relaciones con trabajadores, comerciantes, vecinos y autoridades de Las Palmas. Hubo colaboración, matrimonios e intercambios profesionales, junto con espacios reservados para mantener prácticas propias.
La influencia se percibe tanto en los edificios como en las relaciones cotidianas. Los hoteles podían contratar personal local y atender a una clientela extranjera; los clubes reunían a residentes británicos y visitantes, y las empresas dependían a veces de trabajadores de distintos orígenes.
Iglesia, clubes y redes comunitarias
La Iglesia anglicana de Las Palmas de Gran Canaria desempeñó una función religiosa y social. Para quienes vivían lejos de su país, disponer de un lugar de culto estable ofrecía continuidad, asistencia y un punto de encuentro.
En torno a estas instituciones se organizaban momentos importantes de la vida comunitaria. Allí podían atenderse funerales, acompañar a personas enfermas, conservar tradiciones y mantener relaciones con las autoridades y los vecinos de la ciudad.
El British Club y otros espacios de sociabilidad cumplían una función similar en el ámbito laico. Allí se reunían, consultaban periódicos, practicaban deportes y mantenían contactos con el país de origen. Para quien permanecía varias semanas, disponer de esa red de confianza hacía más sencilla la estancia.
Estos espacios no representaban a toda la población británica ni eran utilizados por todos los turistas. Su interés histórico está en mostrar cómo una comunidad internacional organizaba parte de su vida mientras participaba, al mismo tiempo, en la sociedad local.
El Cementerio Inglés y la memoria
El Cementerio Inglés recuerda que aquella comunidad estaba formada también por personas que nacieron, vivieron y murieron en Gran Canaria. Sus lápidas y su organización permiten acercarse a la historia de familias, empleados, comerciantes y personas relacionadas con el puerto.
El lugar introduce una dimensión humana en un relato que suele centrarse en el comercio y el progreso económico. Detrás de las rutas marítimas y de los hoteles hubo enfermedades, accidentes, muertes y separaciones familiares.
Por eso el cementerio tiene un valor que va más allá de la visita pintoresca. Forma parte de la historia social de Las Palmas y muestra la duración de una presencia que no se limitó a los pasajeros de paso.
Deportes británicos en Canarias
El golf, el tenis, la natación y otras prácticas deportivas ampliaron las formas de ocio disponibles en la ciudad. Algunas estaban asociadas a las comunidades británicas y, con el tiempo, se incorporaron a círculos sociales más amplios.
El Club de Golf de Las Palmas muestra esa dimensión. Los clubes deportivos servían para hacer ejercicio, pero también para conversar, establecer contactos empresariales y reforzar la representación social. Para un visitante, acudir a uno de ellos podía formar parte de una estancia prolongada.
El mar tuvo un papel parecido. El baño, los paseos y la natación cambiaron la relación con el litoral. La costa empezó a funcionar como espacio de descanso y entretenimiento, además de conservar sus usos portuarios, pesqueros y comerciales.
La población local adaptó algunas prácticas y combinó esas novedades con tradiciones propias. La presencia británica aportó hábitos y espacios, pero la vida social de Gran Canaria siguió siendo plural.
Empresas, familias y redes económicas
El desarrollo turístico de Las Palmas se apoyó en una red de empresas, familias e instituciones. Las compañías británicas intervinieron en la navegación, el comercio, los seguros, la agricultura y los servicios portuarios, conectando la isla con Londres y otros puertos. El crecimiento económico también dependió de empresarios canarios y de otras comunidades extranjeras.
Para sostener el comercio exterior hacían falta crédito, información y protección frente a los riesgos del transporte. También era necesario conocer los mercados, organizar los envíos y asegurar las mercancías. En torno a estas tareas crecieron oficinas, almacenes, transportes y servicios profesionales.
Un visitante se beneficiaba de esa estructura aunque ninguna de esas empresas se dedicara al turismo. En una ciudad con agentes, bancos, traductores, consignatarios y comercios resultaba más fácil resolver las necesidades de una clientela internacional.
Elder Dempster y la familia Miller
Elder Dempster estuvo vinculada a la navegación y al comercio atlántico. Su presencia ayuda a entender la importancia de las grandes compañías que necesitaban oficinas, agentes y servicios en el puerto. El edificio asociado a esa actividad conserva una parte de la memoria comercial de Las Palmas.
La familia Miller aparece relacionada con la actividad empresarial británica en Gran Canaria, especialmente en ámbitos como el comercio, la agricultura y los servicios. Como sucede con otros apellidos destacados, su trayectoria debe estudiarse según cada empresa y cada periodo. Una familia podía intervenir en varias actividades, pero eso no convierte su historia en una explicación completa del desarrollo turístico.
Las empresas comerciales reforzaron las conexiones internacionales, atrajeron profesionales y contribuyeron a mantener servicios especializados. La ciudad se volvió más capaz de recibir a quienes llegaban del exterior, aunque el turismo todavía no fuese su actividad principal.
Lengua, alimentación y costumbres
La influencia cultural se percibe en situaciones concretas: los comercios y hoteles ofrecían productos importados, algunos términos pasaron al vocabulario portuario y ciertos horarios o modos de servicio respondían a una clientela internacional.
La cocina local mantuvo sus rasgos propios. Los hoteles podían ofrecer menús pensados para visitantes británicos, mientras que en los mercados y hogares convivían productos de procedencias distintas. Hubo adaptación e intercambio, más que sustitución de unas costumbres por otras.
El inglés era especialmente útil en el puerto, los negocios y los alojamientos. Su presencia variaba según el espacio y la actividad. Las Palmas funcionaba como lugar de contacto entre varias culturas, con el castellano y otras lenguas compartiendo ámbitos comerciales y sociales.
Un patrimonio que conecta puerto, ciudad y turismo
El patrimonio británico en Las Palmas forma una red de lugares conectados. El puerto explica cómo llegaron barcos y mercancías. Los hoteles muestran cómo se prolongaron las estancias, mientras los barrios y las instituciones revelan el asentamiento de determinadas comunidades.
Del Puerto de La Luz a Las Canteras
El recorrido puede comenzar en el entorno del Puerto de La Luz, donde se entiende la función de Las Palmas como escala comercial. Allí coincidían barcos, mercancías, trabajadores, pasajeros y agentes en un espacio conectado con el Atlántico.
El Mercado del Puerto y Las Canteras permiten observar cómo las zonas de trabajo y de ocio fueron acercándose. A medida que aumentaban las estancias, la playa adquirió un valor recreativo y entró en los itinerarios de visitantes y residentes.
El Puerto de La Luz y turismo forman así dos capítulos de una misma transformación urbana. Primero se consolidó la escala comercial; después, parte de esa circulación internacional se convirtió en alojamiento, paseo, descanso y consumo.
Santa Catalina, Ciudad Jardín y el centro urbano
El entorno de Santa Catalina concentra varios elementos de la evolución turística de la ciudad: un hotel, jardines, vías de comunicación y espacios de ocio. Allí tomó forma una oferta capaz de recibir tanto a residentes como a viajeros.
Ciudad Jardín ofrece otra lectura de esa transformación. Sus viviendas y jardines reflejan la presencia estable de comunidades extranjeras y el cambio de Las Palmas. La huella británica aparece también en la planificación, los usos sociales y la organización de la vida residencial.
La iglesia anglicana y el Cementerio Inglés completan la dimensión comunitaria. Uno está relacionado con el culto y la sociabilidad; el otro, con la permanencia y la memoria. La historia se vuelve más comprensible cuando esos espacios se vinculan a las personas que los hicieron necesarios.
El Museo Elder y la memoria portuaria
El Museo Elder reúne ciencia, tecnología, navegación y divulgación en un edificio relacionado con la actividad de Elder Dempster. Sus exposiciones ayudan a visualizar la relación entre vapor, comunicaciones, navegación y comercio.
La divulgación cultural cumple aquí una función importante. Puede acercar el patrimonio británico en Las Palmas a quienes recorren la ciudad, siempre que diferencie los hechos contrastados de las interpretaciones históricas y de los relatos promocionales.
Una ruta patrimonial gana credibilidad cuando explica cómo se conoce cada episodio y qué aspectos siguen siendo objeto de investigación. Los trabajos de especialistas como Nicolás González Lemus y las publicaciones académicas permiten ampliar esa mirada más allá de la imagen turística.
Del legado histórico al mercado británico actual
El avión cambió la relación con Reino Unido al sustituir al barco como principal medio de llegada de turistas. Desde entonces, el mercado se apoya en vuelos regulares, turoperadores, alojamientos de gran capacidad, agencias y campañas de promoción.
El viajero que reserva hoy unas vacaciones de sol y playa pertenece a un contexto muy distinto del comerciante del siglo XIX o de quien llegaba por motivos terapéuticos. La continuidad se encuentra en la conectividad, la familiaridad con el destino, las redes empresariales y una imagen de Gran Canaria construida durante décadas.
El cliente británico y la repetición de visitas
Cuando un destino mantiene durante años la relación con un mercado emisor, acumula conocimiento y confianza. Las agencias conocen la oferta, los alojamientos identifican preferencias y las aerolíneas ajustan sus rutas. Además, muchos visitantes llegan con referencias familiares.
La repetición de visitas tiene efectos económicos concretos. Quien ya conoce Gran Canaria necesita menos información para reservar y puede escoger con más seguridad entre zonas, hoteles y actividades. La conectividad aérea reduce además la dificultad práctica del viaje.
Aquí las estadísticas requieren cierta precisión. Llegadas, pasajeros, pernoctaciones, gasto, clientes y turistas alojados son indicadores distintos. Una temporada puede ofrecer resultados diferentes según el criterio elegido.
La nota del Cabildo publicada tras la World Travel Market de 2023 planteaba la previsión de superar el máximo histórico de visitantes británicos registrado en 2017. Ese dato pertenece a una coyuntura concreta y no se puede trasladar automáticamente a todos los años ni a toda la isla.
Promoción turística y World Travel Market
La World Travel Market reúne a destinos, aerolíneas, agencias, alojamientos y turoperadores en un espacio profesional. La presencia de Gran Canaria en Londres muestra que Reino Unido sigue siendo un mercado prioritario para las instituciones y las empresas turísticas.
Los argumentos de promoción actuales difieren de los utilizados en el siglo XIX. Hoy se habla de conectividad, calidad del alojamiento, seguridad, clima, gastronomía y experiencias. La historia compartida puede enriquecer el relato del destino, aunque no deba confundirse con el origen de la actividad turística.
La evolución reciente del cliente británico en Gran Canaria muestra cómo se presenta esta relación desde el ámbito turístico insular. Sus datos corresponden a un momento determinado y deben separarse del análisis histórico.
La gestión contemporánea también ha cambiado por completo. Hoteles, agencias y empresas de excursiones necesitan coordinar reservas, disponibilidad, clientes y canales de venta. Herramientas como el software para turismo pertenecen a esa fase actual de la actividad.
Qué permanece y qué ha cambiado
Han cambiado los medios de transporte, la duración de las vacaciones, el tamaño de los alojamientos y la forma de comprar un viaje. También son distintos los perfiles de los visitantes y el peso de la salud como motivo para desplazarse.
Permanece la importancia de una conexión estable. Gran Canaria sigue necesitando rutas regulares, intermediarios, promoción y una oferta capaz de responder a las expectativas del mercado británico.
También permanece parte del patrimonio construido durante las primeras etapas. Un visitante puede sentirse atraído por el clima, por un hotel conocido o por una ciudad cuya historia conserva referencias compartidas con su país. Esa familiaridad tiene una dimensión económica, pero también cultural.
Cómo interpretar la presencia británica sin simplificar la historia
La historia admite dos simplificaciones frecuentes. Una atribuye a Reino Unido todo el desarrollo turístico de Gran Canaria; la otra reduce la presencia británica a una relación comercial sin consecuencias duraderas.
Una lectura más ajustada tiene en cuenta varios factores:
- Las compañías y navieras británicas intensificaron las conexiones marítimas.
- El Puerto de La Luz convirtió esas conexiones en actividad económica y servicios.
- Las exportaciones agrícolas favorecieron rutas regulares hacia Reino Unido.
- Los viajeros británicos contribuyeron a desarrollar una demanda de clima, alojamiento y ocio.
- La sociedad local adaptó, gestionó y transformó esas influencias.
- Otras comunidades extranjeras y otros mercados participaron también en la internacionalización.
- Las administraciones intervinieron en infraestructuras, promoción y planificación.
- El turismo de masas posterior tuvo centros y dinámicas diferentes de los primeros viajes a Las Palmas.
La influencia fue importante, pero se integró en un proceso más amplio de transformación económica y urbana.
Gran Canaria dentro de la historia de Canarias
La presencia británica afectó a varias islas. Tenerife, La Palma, Gran Canaria y otros territorios participaron en redes comerciales y marítimas con intensidades diferentes. Una fecha, una empresa o un hotel documentado en una isla no puede trasladarse directamente a otra.
En Gran Canaria, el proceso específico combina Las Palmas, el Puerto de La Luz, la agricultura de exportación, los hoteles de la capital y la colonia británica. La evolución posterior del turismo en el sur de la isla pertenece a otra etapa, aunque mantenga conexiones con el mercado británico.
Cuando una fuente habla de “Canarias”, puede estar describiendo una tendencia general del archipiélago. Para usarla en una explicación sobre Gran Canaria hay que comprobar si ofrece datos insulares o si únicamente sirve como contexto.
Fuentes y criterios de verificación
Las fechas de apertura de hoteles, fundación de clubes, creación de compañías y llegada de determinados viajeros deben contrastarse con archivos, estudios académicos y documentación institucional. Una noticia promocional puede mostrar el discurso turístico actual, pero no basta por sí sola para reconstruir el siglo XIX.
Entre las fuentes que pueden combinarse se encuentran:
- Registros portuarios y documentación empresarial.
- Guías de viaje y prensa de época.
- Archivos de hoteles, compañías y comunidades religiosas.
- Estudios demográficos y estadísticas turísticas.
- Investigaciones sobre patrimonio arquitectónico.
- Materiales de instituciones culturales y administraciones públicas.
Parte de esta memoria se conserva y divulga en el Cabildo de Gran Canaria, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la Autoridad Portuaria de Las Palmas y el Museo Elder. Publicaciones como el Anuario de Estudios Atlánticos ayudan a contrastar procesos y a evitar generalizaciones.
Cada documento responde a una finalidad distinta. Un registro o una carta empresarial son fuentes primarias; una investigación académica interpreta y contrasta materiales; una institución cultural divulga, y una campaña turística presenta el destino de forma atractiva. Por eso no deben leerse del mismo modo ni utilizarse para responder a la misma pregunta.
Preguntas frecuentes
¿Cómo influyeron los británicos en el turismo de Gran Canaria?
Su presencia se extendió a las conexiones marítimas, las empresas portuarias, las exportaciones, los seguros y los servicios vinculados al comercio exterior. También llegaron viajeros atraídos por el clima y por las ideas terapéuticas de la época.
Esa presencia favoreció la aparición de hoteles, espacios residenciales, clubes, deportes y servicios para una clientela internacional. En la transformación también participaron empresarios canarios, otras comunidades extranjeras, navieras de distinta procedencia y las instituciones locales.
¿Qué papel tuvo el Puerto de La Luz?
El Puerto de La Luz funcionó como enclave de escala, suministro y conexión internacional. Los barcos necesitaban carbón, agua, alimentos, reparaciones, agentes y otros servicios; esa demanda, a su vez, generó actividad en tierra.
El crecimiento del puerto aumentó la circulación de mercancías y personas por Las Palmas. Las rutas comerciales facilitaron el movimiento de pasajeros y ayudaron a que la ciudad fuese conocida por comerciantes y viajeros británicos.
Su importancia turística se entiende por la infraestructura que fue articulando: hoteles, transporte, servicios urbanos y una mayor familiaridad con la ciudad. Su función inicial era comercial, pero con el tiempo esa base sostuvo estancias de descanso y ocio.
¿Qué fue el turismo terapéutico británico en Gran Canaria?
El turismo terapéutico fue una forma histórica de viajar asociada a la búsqueda de climas suaves, luz, aire marino y condiciones consideradas beneficiosas para la salud. Algunos visitantes pasaban el invierno en la isla, se recuperaban de una enfermedad o seguían recomendaciones médicas de su época.
Estas ideas pertenecían a una cultura médica diferente de la actual. Con el tiempo, las estancias relacionadas con la salud se mezclaron con los paseos, el baño, los deportes y el descanso, hasta formar una oferta turística más amplia.
¿Quién fue Alfredo L. Jones?
Alfredo L. Jones fue un empresario vinculado a la actividad comercial y portuaria de Las Palmas. Su trayectoria se relaciona con la expansión exterior de la ciudad y con los servicios que hicieron del Puerto de La Luz una escala relevante.
Su papel solo se entiende junto al de comerciantes, navieras, exportadores, consignatarios, trabajadores y autoridades. La importancia de Alfredo L. Jones radica en su participación en una red empresarial que reforzó las conexiones internacionales. El turismo de Gran Canaria fue el resultado de muchos actores y procesos.
¿Qué lugares forman parte del patrimonio británico de Las Palmas?
Entre los espacios más relacionados con esta historia se encuentran:
- El Puerto de La Luz y su entorno.
- El antiguo edificio vinculado a Elder Dempster, hoy relacionado con el Museo Elder.
- Las Canteras y el Mercado del Puerto.
- El Hotel Santa Catalina.
- Ciudad Jardín y el Parque Doramas.
- La Iglesia anglicana de Las Palmas de Gran Canaria.
- El Cementerio Inglés.
- El antiguo Hotel Metropol.
- El entorno de Santa Catalina.
- El British Club y otros espacios comunitarios documentados.
- El Club de Golf de Las Palmas.
Cada lugar responde a una cronología y una función diferentes. Algunos pertenecen al comercio y al puerto; otros se relacionan con la residencia, la religión, el ocio o la hotelería.
¿Siguen siendo importantes los visitantes británicos?
Reino Unido continúa siendo un mercado relevante para Gran Canaria. La conectividad aérea, la familiaridad con el destino, la oferta de sol y playa y la repetición de visitas sostienen esa relación.
Su importancia debe medirse con datos fechados y bien definidos. Llegadas, pernoctaciones, gasto, estancias y clientes pueden ofrecer resultados distintos.
El mercado contemporáneo tiene un perfil diferente del de los viajeros británicos del siglo XIX. La continuidad procede de una relación histórica iniciada en el comercio marítimo, pero hoy se desarrolla dentro de una industria turística internacional.
¿La influencia británica fue exclusiva de Gran Canaria?
Reino Unido mantuvo relaciones comerciales y marítimas con varias islas Canarias. La intensidad y las consecuencias variaron según el puerto, la agricultura, las empresas y la evolución urbana de cada territorio.
En Gran Canaria, la combinación del Puerto de La Luz, las exportaciones, la colonia británica, los hoteles y la actividad empresarial produjo una huella especialmente visible.
El contexto es archipelágico, pero muchos procesos deben estudiarse a escala insular y urbana. Un hecho documentado en Tenerife o La Palma no puede trasladarse automáticamente a Las Palmas de Gran Canaria.




